Catalina era una chica peor que común, no le agradaba a la gente, no contaba con una gran belleza, lo único que tenia a su favor era su inteligencia, era una lastima que se la guardaba solo para ella.
Pasaba sus días y sus noches imaginando, soñando, que de alguna forma su vida fuera importante, que trascendiera. Miraba con celos a la gente que la rodeaba, quienes vivían su vida social en plenitud y eran buenos cada quien en lo suyo. Algunos eran artistas, algunos médicos, algunos abogados, ella era solo una bibliotecaria que pasaba desapercibida para todos.
Su vida era tan patética, no sobresalía en nada, muchas veces intentó suicidarse, pero se detenía pues pensaba que si moría su vida terminaría siendo muy patética, tenía esperanzas de que alguna forma su vida mejoraría con el tiempo.
No tenia amigos, no tenía pareja, era indiferente para su familia, era simplemente perfecta.
Verán, el siglo estaba por terminar y los demonios celebrarían su ceremonia profana para comenzar un nuevo siglo de oscuridad y dolor, donde sólo los elegidos podrán disfrutar con el dolor de los malditos y los estúpidos, como siempre lo ha sido.
Los testigos serían los más selectos devotos, pero quienes participarían en las danzas paganas solo serían los demonios mas antiguos y malévolos, los que han vivido por siempre. Acompañados de una virgen mortal que sería la pieza principal para poder gobernar en el nuevo siglo.
Catalina fue la elegida para este siglo, era perfecta, virgen, inteligente, con intenciones de hacer algo importante de su vida y completamente dispuesta a ser la causa de la tortura humana por un siglo más.
Cuando un demonio se le presento en sueños y le lanzo la propuesta infernal, no se pudo negar, acepto todos los términos de esta propuesta. El primero, preparar su cuerpo, este tenia que estar pulcro y perfecto para el baile profano, así que tenia que dejar de comer hasta estar el borde de la muerte.
Así lo hizo, su cuerpo se consumió y mientras el hambre la agobiaba, ella no sufría, pues sabía que era para un muy buen propósito.
A punto de morir, llego el fin del siglo, fue raptada y conducida a las profundidades del infierno, ahí donde Dios es inmune y los malditos sufren.
Todo estaba listo, los demonios en su posición, empezaron las rítmicas vibraciones satánicas y empezaron la danza, Catalina retorcía su cuerpo de dolor, el éxtasis invadía su alma. Su cuerpo y alma lastimados, golpeados, quemados, mientras los demonios a su alrededor reían hasta el llanto sin dejar de danzar.
El cuerpo de Catalina no pudo más, murió de cansancio y dolor, pero murió feliz, pues había hecho historia, había repercutido en la humanidad entera, un nuevo siglo de oscuridad había comenzado y su alma sufriría eternamente como castigo.
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