domingo, 16 de octubre de 2011

Liliana mi pequeño monstruo

    He vivido ya por tanto tiempo, tanto es lo que he visto, tanto es lo que he experimentado, lo que he hecho, lamentablemente me arrepiento de muchas cosas. Oh si tan solo hubiera sabido las consecuencias, todo lo que no hubiera hecho, pero lo hecho, hecho está.
   Todos conocen el parque Flim, saben que ahí vive un temible monstruo y que los niños no pueden ir ahí sin la compañía de un adulto, pero pocos saben la verdadera historia, si es verdad, si ese monstruo existe, es un fantasma o es solo parte un mito citadino. Les explicare brevemente como es que comenzó todo.
   Ya a una entrada edad de 45 años, mi Elizabeth y yo vivíamos frente al parque Flim y recibimos la mejor noticia de halloween, seriamos padres por primera vez, tanto tiempo habíamos esperado, casi perdíamos la esperanza de algún día llegar a ser padres.
   Fue un bebe hermoso, nació sana y lo continuo siendo, peor había algo en ella, algo en su mirada que desde el día en que nació nos causaba cierto temor. Fue bautizada como Liliana, no podíamos ponerle un nombre tan perfecto a tan lindo bebe.
   Creció para convertirse en una niña hermosa, o Elizabeth y yo la amábamos tanto. Era la niña más hermosa que podríamos haber soñado, la más hermosa de la ciudad sin duda alguna, su belleza eclipsaba a cualquiera a su alrededor, con cabello negro y sedoso, piel blanca de porcelana y unos hermosos ojos verdes.
   Siempre fue una niña muy delgada, de apariencia frágil, mas su apariencia distaba mucho de su personalidad, era una niña de personalidad muy fuerte, siempre conseguía todo lo que deseaba y en gran parte se debía a que Elizabeth y yo la amábamos tanto y le dábamos todo lo que pidiera, o si sólo hubiéramos sabido, pero no éramos los únicos, todos a su alrededor la adulaban y la llenaban de regalos, nadie se podía resistir a esos ojos verdes que siempre conseguían lo que querían.
   Se convirtió en una niña muy mimada, todo lo que quería lo obtenía, cualquier capricho, todo se lo dábamos. Y con un simple y egoísta “gracias” se iba a jugar con sus juguetes nuevos, mientras mi Elizabeth y yo la veíamos encantados, sintiéndonos afortunados de tener una hija tan hermosa.
   Un día cuando Liliana tenía 11 años, se le antojo tener un niño. Si un niño para ella sola, a quien bañar, a quien vestir, con quien jugar. Pronto se lleno de muñecos, la gente al enterarse de que la niña quería un niño hicieron filas para regalarle muñecos. Tenia de los mas finos muñecos de porcelana, hasta los mas humildes muñecos de trapo, su madre y yo le regalamos algunos pares de muñecos.
   Pero ningún muñeco se comparaba al niño que ella quería, ella quería un niño de carne y hueso, pero nadie se lo daba. Nos preguntaba a nosotros el porque no le dábamos un hermanito. Aunque lo deseábamos nuestra avanzada edad nos lo impedía, fue entonces que nuestra Liliana comenzó a cambiar.
   Se empezó a alejar de nosotros, su rostro cambio, tenía siempre cara de asco y sus palabras eran cortantes. Nosotros con tal de que cambiara su actitud hacia nosotros y nos demostrara su amor, la tratábamos aun mejor, diario cocinaba mi Elizabeth sus platillos favoritos, hacíamos lo posible por cumplir sus caprichos, todos menos el de tener un niño.
   Comenzó a juntarse mucho con el pequeño niño de los vecinos, iba a su casa a jugar y lo llevaba a la nuestra y lo metía a su cuarto entre su colección de juguetes y muñecos. Se la pasaba todo el día peinándolo, amarrándole sus zapatos, prestándole juguetes para que jugara con ella. Pronto se obsesiono de ese niño, fue ahí que Elizabeth y yo comenzamos a asustarnos demasiado, era una obsesión enfermiza la que sentía por ese niño.
   Nuestros vecinos también comenzaron a asustarse de Liliana y nos pidieron que habláramos con ella para que dejara al niñito en paz de vez en cuando, fue así que comenzamos a prohibirle que lo viera tan seguido. Su actitud nos sorprendió, con ira nos respondía y nos gritaba cada que le negábamos ver al niño, su mirada cambiaba y ese místico escalofrío de sus ojos cambiaba a un espeluznante mirada de odio.
   Fue ahí que nos dimos cuenta lo que habíamos hecho, la habíamos mimado mucho y habíamos creado un pequeño monstruo, Elizabeth le prohibió volver a salir con el niño de los vecinos, estaba dispuesta a recibir los insultos de nuestra hija con tal de imponerle reglas, mas valía tarde que nunca, o por lo menos ella pensaba, ahora se que ya era demasiado tarde.
   El hijo de los vecinos desapareció, nadie lo encontraba, todos ayudamos a buscarlo pero no aparecía por ningún lado, todos sospecharon inmediatamente el Liliana y con razón, su actitud cambio desde que el niño desapareció, volvió a ser dócil tierna, su mirada se volvió a calmar.
   Sin embargo ella negaba rotundamente estar involucrada de alguna manera con la desaparición del niño, no podíamos hacer nada, no había pruebas de nada. Hasta que un horrible día, mientras mi Elizabeth y yo descansábamos en la sala, nos llego un feo olor, ¿Qué será eso tan espantoso? Pronto nos dimos cuenta que venia del cuarto de Liliana, Elizabeth decidió ir a limpiar lo que fuera que la niña hubiera hecho y yo cometí el grave error de dejarla ir sola.
   Escuche a Elizabeth dar un enorme grito desde el cuarto de la niña y corrí a ver que era lo que había pasado, fue la peor imagen que pude haber visto. Mi Elizabeth tirada en el suelo, con una gran herida de cuchillo en el abdomen, ahí muerta y Liliana hincada alado del cadáver de su madre, con un cuchillo en la mano y su cara ensangrentada.
­No me dejo quedármelo —dijo justificando como si lo que había hecho hubiera sido de lo más normal y con una mirada de inocencia en sus ojos.
   Entonces voltee mi mirada a su montaña de muñecos y note que el horrible olor venia de ahí, entonces todo cobro sentido, encontré con la mirada al hijo del vecino, ahí, entre todos los muñecos, inmóvil, muerto. No nos dimos cuenta pues se confundía con los demás muñecos, pero ahora no solo él estaba muerto, sino también mi Elizabeth.

— ¿Qué hiciste? —la tome del brazo y la golpee tratando de imponer disciplina después de todos estos años,  pero era demasiado tarde.
   Llorando me contuve de no seguir golpeándola y al soltarla ella asustada salió corriendo de la casa dirigiéndose al parque de enfrente, fue la ultima vez que la vi.
   La noticia se corrió y todos me empezaron a rechazar, todos los que considere mis amigos me abandonaron. La desaparición de niños en el parque Flim se empezó a hacer frecuente, así que decidí mudarme para no levantar sospechas, sabía muy bien que era Liliana la que se llevaba a los niños para hacerse una colección de niños de carne y hueso, ¿vivos?, lo dudo.
   Los años pasaron y historias empezaron a crecer, las personas comenzaron a decir que veían una bruja acechar a los niños desde los arboles, su apariencia demacrada hizo que se ganara el titulo de bruja, de monstruo, ahora es todo un mito, no saben si la bruja existe, si es un fantasma o no, pero lo que si se es que es mi Liliana quien se lleva a los niños, tampoco se si ella tuvo algún hijo propio, no se si viva o la que roba a los niños es solo su espíritu. La gente la considera un monstruo, pero para mi sigue siendo Liliana, mi pequeño monstruo.

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