Julián era un joven muy bien parecido. Las mujeres corrían a sus pies y causaba celos de todos. Julián estaba muy consciente de esto y tomaba mucho provecho de su situación.
Era todo un donjuán, salía con las chicas que quería, sin embargo, las botaba rápido e iba directo con la que seguía. No tenía trabajo, vivía en la casa de sus padres, quienes lo mantenían con todos los lujos dignos de un aristócrata.
Julián iba por la vida sin preocupaciones, no comprendía el dolor ajeno y si veía a un mendigo pidiendo limosna, este se indignaba pues manchaba el paisaje de la calle.
Era también muy conocido por su vida social y en cuanto a mujeres, vino y baile, no había nada que le gustara más. Fue durante una de estas reuniones, en las que se entrego por completo al alcohol y ya avanzada la noche, salió del recinto tambaleándose por su estado. Fue por esto que al no prestar atención a la avenida, un señor con su caballo y carreta, atropellaron a Julián dejándolo inconsciente.
Estuvo tres días inconsciente Julián en su cama mientras se recuperaba de todos los golpes que recibió. Durante estos tres días en estado de coma, Julián tuvo un sueño muy singular, se encontraba en una habitación muy lujosa, cubierta de oro, había pinturas en las paredes y la luz de las velas iluminaba cálidamente el cuarto. Frente a el había un gran espejo de cuerpo completo, con un marco victoriano de oro con tela negra rodeándolo y adornándolo, pero en el reflejo, no era Julián a quien veía ahí, se trataba de una versión distorsionada de el, una versión deforme, espantosa. Con una botella en la mano y las ropas desalineadas. Julián se espanto bastante al observar aquel reflejo, pero fue más su tortura el tener que soportarlo los tres días que estuvo en coma, ya que ese fue su único sueño, observar el reflejo de ese ser asqueroso y desagradable en aquel espejo.
Una vez que se despertó, Julián decidió hacer cambios en su vida, se dio cuenta de lo bajo que había caído y lo detestable que era el. Pronto fue a la casa donde paso su infancia, quiso recordar lo que había hecho mal, meditar y darse cuenta de en que momento se convirtió en ese ser tan grotesco. Se aisló completamente del mundo, no hablaba mas con nadie, abandono a sus padres y empezó a mendigar para poder sobrevivir y para poder comer. Trataba de ir a la casa del lago todas las tardes para seguir meditando sobre su pasado. Cuando un día, un lobo salvaje lo espanto de tal manera que tropezó y cayo al lago. Por poco muere de asfixia, pero aun así logro llegar a la orilla más muerto que vivo.
Al no tener mas amigos en el mundo externo, nadie se preocupo en buscarlo, es por eso que estuvo dos días junto al lago, con apenas la energía suficiente para respirar, durante todo este tiempo, Julián tuvo una nueva visión. Se encontraba frente al mismo espejo, esta vez en un callejón sucio, lleno de basura, y el barroco espejo contrastaba con el resto del paisaje.
Esta vez, Julián vio en su reflejo a un niño, claramente pudo reconocer la imagen de su inocente infancia, su ropita, su sombrerito, sus ojos que ya mostraban una inocente picardía. Así pasó dos días Julián viendo su reflejo infantil, hasta que un guardabosque encontró su cuerpo junto al lago y le dio primeros auxilios, trayéndolo de nuevo a la vida. Julián supo que debía ver por su futuro, tenia que poner pies en tierra y procurarse un bueno futuro, quería llegar a ser un anciano acaudalado y libre de preocupaciones igual que su padre.
Lo que hizo fue trabajar y trabajar, ahorrando cada centavo en el banco, comprando nuevas propiedades, no gastaba mas que para no morir de hambre y para vestir conforme su trabajo requería, pero un día, justo el día en que había recibido su salario mensual, fue asaltado por un maleante, quien lo golpeo tan fuerte que lo dejo tendido e inconsciente en la acera.
Julián volvió a tener otro de sus sueños ya familiares, pero esta vez, se encontraba en un cementerio, el espejo se recargaba sobre una tumba y lo que Julián vio en el fue a un anciano decrepito, parecido a su padre, pero más acabado, mas moribundo. Julián lo observo solo unas horas mientras la gente de la calle lo llevaba al hospital, donde hicieron que regresara en si.
Julián tomó una decisión, la más grande en su vida, esa noche fue a casa, donde preparó todo, no olvido ningún detalle y se recostó en su cama, de la forma más confortable. Entro en un sueño profundo, en el reino de los sueños, en el sueño prometido. Ahí se encontró en un cuarto oscuro, no había luz más que la emanada del espejo mismo, ahí, Julián se vio a si mismo, su reflejo normal que veía todas las mañanas, su misma ropa, todo. Julián se atrevió a hacer lo que había temido en cada sueño, tomo fuerza y con sus puños destrozo el espejo. Detrás del espejo había una puerta, Julián la abrió y encontró un pasadizo oscuro, de piedra amarillenta, iluminado por candelabros incrustados en la pared, cuya cera derretida les daba el aspecto de manos deformándose. El trayecto era largo y oscuro, pero al final se veía una luz muy brillante, pero Julián ya había hecho lo más importante, había entrado y no planeaba volver atrás.