sábado, 23 de octubre de 2010

Lilyth II (el monte de las cruces)

Tanta era su desesperación que se tiro en el suelo al pie de una cruz a sollozar, cuando de pronto, sintió como algo le picaba la espalda. Grande fue el susto que se llevo al darse cuenta que era un cuervo negro, un gran y gordo cuervo que le dijo estas palabras:
   –Chica, ¿tonta que haces aquí? Párate de ahí ahora mismo, no debes permanecer mucho tiempo cerca de una cruz, es más no deberías de estar en este monte, este monte no es para chicas soberbias y engreídas como tu, pero que tonta has sido al venir aquí, sobretodo de noche.
   Lilyth indignada con las palabras del cuervo, se paró corriendo alejándose de el, pero era tanta su desesperación y sueño que se tiro en otra cruz y se echo a dormir. Fue despertada abruptamente por un dolor terrible, sentía unos latigazos en la espalda, como si la flagelaran con un látigo al fuego vivo. Al buscar a su agresor, no encontró a nadie, sin embargo el ardor y el dolor de los latigazos le impidieron pararse y correr. Se le crearon cortaduras muy profundas, pero no sangraba mucho, como si la flagelaran con fuego. Lilyth se aferraba a la cruz para intentar levantare, pero cuando intentaba esto, una fuerte presión la hacia descender para que los latigazos continuaran. Aquellos estigmas le rasgaron tanto la ropa que estaba a punto de perderla, cuando finalmente pudo escapar y se echo a correr.
   Corría y corría, no sabía a donde ir, recordaba que el cuervo le dijo que se alejara de las cruces, pero éstas estaban por todos lados, ¿Qué hacer? Lylith al borde de la muerte de susto escucho la voz de una niña, una voz tétricamente triste, escalofriante, pero calmada. Esta voz le decía “sigue a los cuervos Lilyth”. En eso Lylith vio a una pardada de cuervos que volaban sobre ella. Lilyth les había agarrado temor, pero volvió a escuchar la voz, “sigue a los cuervos Lilyth”, y así lo hizo ella.
   Corrió y corrió tras los cuervos y noto que subía el pico, pronto llego a la cima. En la cima se encontraba una gran cruz, la más grande de todas, tenia un color caoba tan oscuro que se confundía con el negro, se acercó hipnotizada a ella y la toco. En ese instante todos los cuervos volaron hacia ella y con sus garras la tomaron, no tardaron en montarla sobre la cruz y mientras la joven gritaba de dolor, los cuervos la crucificaron en aquella gran cruz. Le clavaron las manos y pies igual que a Cristo y tal como a      la empezarn a picotear y arrancar trozos de carne. Lilyth jamás imagino que existiera aquel dolor tan intenso, tan lacerante. Los cuervos finalmente se fueron y la dejaron ahí, crucificada y ensangrentada. Lylith indefensa quedó ahí, viendo el amanecer entre las cruces, arrepintiéndose de sus pecados.
   Súbitamente, sus manos y pies se destrozaron liberándose asi de los clavos. Lylith cayo al suelo, que se transformo en arenas movedizas, por mas que intentaba salir fue inútil, la tierra se la tragaba y no podía hacer ella nada. Pronto quedo totalmente sumerguida y para cuando salió de nuevo el sol, no existía rastro de ella más que la sangre y los trozos de carne que los cuervos le arrancaron.
   Así transcurrieron tres días, hasta que en un amanecer, de la tierra broto una mano, luego otra, luego, Lilyth salió completamente, totalmente curada de sus heridas. No era la misma Lilyth que subió al monte tres días atrás, era otra totalmente nueva, sin embargo, físicamente estaba idéntica, no tenia cicatrices, mas que una. Sus ojos ya no eran lila, ahora eran café caoba.

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