Un chico muy callado, reservado, misterioso para el mundo. Nadie sabe realmente cuales pueden ser sus pensamientos, sus opiniones, sus conocimientos. Su ser es una caja de misterios, de secretos ocultos al mundo.
¿Será el un ser aburrido y mecanizado, que realmente no tiene nada suficientemente bueno para expresar que ahorra expresarlo? ¿Será su yo un ser fantástico, lleno de las más cautivadoras y creativas imágenes? Probablemente ni siquiera el lo sepa del todo bien. Por lo menos el mundo que lo rodea lo ignora. No tiene forma de expresar sus pensamientos, sus emociones. No habla, no pinta, no danza, su rostro no tiene expresión.
Es un ser gris, no emana mas que frialdad e indiferencia, es por eso que la gente lo ignora, aunque solo a los pocos que les interesa se han llegado a preguntar, ¿Es que acaso no siente nada? ¿De verdad habrá vida dentro de el? ¿Por qué es que no expresa realmente nada?
Vivió así su vida, hasta que surgió un viaje, un evento que modificaría su vida, para bien o para mal, con muchos o pocos resultados, solo el lo sabrá.
Un lago, rodeado de arboles marchitos, que entre dejan ver los últimos rayos de luz naranja-purpurea del crepúsculo. Llega el ser grisáceo a la orilla del lago, a esperar, con su mismo rostro sin expresión de siempre. El lago se empieza a llenar de una densa, densa neblina, la neblina se crea rápidamente del agua mientras los últimos rayos de luz solar desaparecen.
Pronto solo la luz de la luna ilumina el lugar donde antes estaba el lago, ahora cubierto con una neblina tan densa que toda presencia de agua liquida queda solo en los recuerdos. La neblina se encuentra principalmente sobre el lago, dejando poca para los alrededores. Este fenómeno hace que el lago adquiera la imagen de una nebulosa pista bañada por la luz de la luna. Cuando de pronto, una luz surge del lago, la luz de una lámpara, probablemente de un bote, de tamaño desconocido. La neblina es tan densa que imposibilita apreciar la lámpara o el bote que la carga. Incluso cuando llega a la orilla solo se puede apreciar la luz que emana la lámpara, pero nuestro ser grisáceo sabe que es esta su señal, sabe que es tiempo.
Se sube al bote y pronto desaparece en la neblina, la luz se va alejando y extinguiéndose, hasta que pronto todo rastro de ella desaparece, desaparece junto con el ser hacia lo desconocido, en un misterio incluso mayor que el ser mismo.
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