viernes, 22 de octubre de 2010

Lilyth I (una chica engreida)

   Lilyth, una chica perdida, gustaba de observar a la gente, analizarla, juzgarla, criticarla. Siempre metía sus narices donde no correspondía y a ella no le importaba. Era muy altanera y muy arrogante. Físicamente, Lilyth era muy bella, tenía la piel blanca como porcelana, el cabello negro   como un velo romántico, pero sus ojos eran su dote mas maravilloso. Tenía unos ojos enormes como de muñeca y de color lila, tenía los ojos lila, que adoptaban un tono un poco diferente dependiendo de la ropa con que vestía.
   Esa belleza la convirtió en una persona muy soberbia, sentía que nadie la merecía y la mayoría de los hombres sonsacaban sus caprichos, aunque por dentro la odiaran. Las mujeres hablaban a sus espaldas criticándola, pues porque aparte de celos, sabían que ella hacía lo mismo con ellas.
   Un día un caballero llego al pueblo, tenia una misión que hacer, así que se estaría unos días en el pueblo antes de volver a tomar camino. Lilyth quedó totalmente enamorada de el, su porte, su encanto, su duro carácter. Todos estos atributos tan diferentes a los de los hombres de la aldea hicieron que Lilyth cayera a sus pies.
   Sin embargo el caballero no quedó sorprendido con la joven, que aunque muy bella, poseía un carácter y una personalidad de cloaca. Lilyth procuraba ser melosa con el hombre y actuar como una rosa, pero el hombre distinguía bien a las arpías y la falsedad de la joven le causaba mayor asco. Inútilmente Lilyth trataba y trataba, pero simplemente no conseguía que el hombre cediera a sus encantos. Finalmente, con mucha desesperación, Lilyth le dijo al caballero.
   –Oh caballero, inútilmente trato de conquistarlo, pero al parecer no me encuentra atractiva en lo más mínimo, pues siempre me ignora, dígame ¿Qué puedo hacer para ganarme su amor, o tan siquiera su respeto y cariño?
   –Dudo que te ganes mi amor, pero si quieres mi respeto y cariño, creo que solo existe una solución. Ven conmigo al monte de las cruces, ahí aprenderas una lección.
   El hombre llevo a la joven a aquel monte, pero grande fue la sorpresa de la joven cuando halló no un monte pequeño, sino un gran pico, repleto de cruces de caoba, empezaban unas pequeñas en la base, pero mientras mas altas en el pico se encontraban, mas tétricas y de mayor tamaño eran. –Si quieres mi respeto y cariño, sube hasta la cima y ahí aprenderás tu lección.
   Asustada a muerte por el terrorífico paisaje y ambiente que causaban las cruces, esta subió, pues en verdad amaba al hombre. Cada cruz era más espantosa que la otra, cada vez sentía mas miedo y mas escalofríos. De pronto, cayó la noche y una neblina cubrió el suelo del monte. Lylith perdió la noción del espacio, no sabia hacia donde ir. Estaba el pico tan tupido de cruces, que no podía realmente saber hacia donde era arriba o donde era abajo, tenia que tomar atajos para esquivar algunas cruces y ya no supo si seguía subiendo o si estaba bajando.

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